Que los niños aprendan a compartir es uno de los primeros y más importantes pasos en el aprendizaje de la convivencia. Y también uno de los más desafiantes para padres y educadores. Si tu hijo se niega rotundamente a prestar sus juguetes, no te preocupes: es completamente normal y responde a una etapa natural del desarrollo.
¿Por qué a los niños les cuesta compartir?
Hasta los 3 años aproximadamente, los niños están en una etapa centrada en sí mismos, donde el «mío» domina su forma de relacionarse con los objetos. No es egoísmo en el sentido adulto del término: es una fase del desarrollo en la que el niño está construyendo su identidad y su sentido de pertenencia.
Entender esto es fundamental para no forzar el proceso ni generar culpa.
Cómo acompañar el aprendizaje de compartir
Modelar con el ejemplo. Los niños aprenden observando. Si ven a los adultos compartir de forma natural y con alegría, incorporarán ese comportamiento como algo normal.
Aprovechar los momentos cotidianos. El parque, una visita a amigos o familiares son oportunidades ideales para guiar al niño: «¿Ves cómo Juan te prestó su pelota? Ahora tú puedes prestarle la tuya.»
Enseñar a pedir prestado. Antes de enseñar a dar, hay que enseñar a pedir. «¿Me prestas tu juguete un momento?» es una habilidad social tan importante como el acto de compartir.
No obligar, acompañar. Forzar a un niño a compartir puede generar resistencia y ansiedad. Es más efectivo crear situaciones donde compartir sea una elección positiva y con consecuencias visibles: «Cuando prestas tu juguete, los otros niños quieren jugar contigo.»
En El Taller de Gepetto iniciamos cada año escolar con un **mes de acogimiento**, durante el cual los niños aprenden a través del juego las reglas básicas de convivencia: cuidar los materiales, pedir prestado, esperar turno, usar los espacios con respeto.
Este período también nos permite conocer la individualidad de cada niño: su temperamento, sus intereses y su forma particular de relacionarse, base de nuestro diagnóstico pedagógico personalizado.
Porque compartir, en el fondo, es aprender a ver al otro. Y eso se aprende mejor cuando el entorno es seguro, afectuoso y bien acompañado.